Introducción
Los trastornos respiratorios del sueño (SBD) son problemas clínicos cada vez más diagnosticados durante la infancia. El ronquido primario es la primera manifestación y, si no se diagnostica o trata precozmente, puede desarrollar un incremento progresivo de la resistencia de las vías respiratorias hasta la aparición de manifestaciones más complejas como el Síndrome de apnea e hipopnea obstructiva del sueño (SAHOS), representando su consecuencia más severa(1). Aunque es difícil estimar con precisión la prevalencia del SAHOS infantil, los estudios muestran que aproximadamente entre el 5% y el 12% de los niños roncan habitualmente y entre el 1 y el 5 % presentan SAHOS(2). El pico de incidencia se alcanza durante la edad preescolar debido al aumento del tamaño del tejido linfático de las vías respiratorias superiores en comparación con el diámetro de la vía aérea en este grupo de edad.(3)
Su etiología es multifactorial asociada a factores genéticos y funcionales relacionados con la anatomía de la vía área superior como retrognatismo mandibular, aumento del volumen de la lengua, paladar blando alto e hipertrofia de las adenoides y/o las amígdalas palatinas representando la causa pediátrica más común(4)(5). Cuando el SAHOS no se trata pueden desarrollarse problemas de comportamiento, dificultades de aprendizaje, bajo rendimiento escolar, retraso del crecimiento, somnolencia diurna excesiva, hiperactividad, alteraciones cognitivas, alteraciones de las funciones metabólicas normales y enfermedades cardiovasculares(6)(7)(8) que afectan directamente a la calidad de vida tanto de los niños como de sus familias. Además, la presencia de este síndrome durante la etapa de crecimiento puede provocar alteraciones en las estructuras faciales y en la oclusión de los niños(4).
El diagnóstico de certeza proviene únicamente con la polisomnografía (PSG), conocida como el estándar de oro para el diagnóstico del SAHOS. Sin embargo, debido a la complejidad del procedimiento, que implica llevar a un niño pequeño a un laboratorio del sueño, a su difícil acceso y a su alto coste, muchos de los niños siguen sin ser diagnosticados. Como un intento de solución al problema y para favorecer un diagnóstico precoz, se han desarrollado cuestionarios como métodos de detección. El PSQ presenta una alta sensibilidad, especificidad diagnóstica y obtuvo una concordancia del 91% para el diagnóstico de la PSG(9)(10)(11)(12).