Introducción
La estética facial es crucial en diversas áreas debido a su impacto en la calidad de vida, ya que la apariencia del rostro influye en las interacciones sociales y la falta de armonía facial puede provocar problemas psicosociales(1)(3).
La simetría facial implica equilibrio en tamaño, forma y ubicación de partes alrededor de un eje central, el plano sagital medio. la simetría facial perfecta es teórica, ya que todos los rostros presentan algún grado de asimetría. Las alteraciones en el desarrollo craneofacial pueden causar asimetrías significativas, a veces compensadas por ajustes dentales, de tejidos blandos o posturales. La asimetría facial puede ser leve o severa, esta última puede provocar problemas estéticos y funcionales, requiriendo tratamiento ortodóntico y quirúrgico.
La asimetría facial puede tener diversos orígenes, como causas congénitas, adquiridas o del desarrollo, como la microsomía hemifacial, infecciones traumáticas y hábitos funcionales como la masticación unilateral o la interferencia oclusal(3)(4). Es común, con una prevalencia entre el 21% y el 85%(7), y se observa con mayor frecuencia en el tercio inferior de la cara, especialmente en la mandíbula debido a su m ovilidad y prolongado periodo de crecimiento. Tanto la mandíbula como el maxilar pueden presentar asimetría, y esta puede afectar tanto los tejidos duros como los blandos(2)(3). Por lo tanto, es esencial una evaluación completa del esqueleto y los tejidos blandos para un diagnóstico y plan de tratamiento adecuados(2).
El creciente interés por la estética facial ha llevado a más quejas sobre asimetría(7) y a un aumento de cirugías por deformidades faciales esqueléticas(4). Los pacientes que planean cirugía ortognática suelen estar motivados por mejorar su apariencia facial(4), siendo la asimetría la razón en el 25% de los casos que buscan evaluación de ortodoncia(2). Así, mejorar la asimetría facial se ha vuelto tan importante como corregir la maloclusión en la planificación de estas cirugías(3).